¡Mierda de día!

Sí, tenía que decirlo. Vaya cagarro de día toca hoy. Me tiro siete meses “domesticando” a mi hijo a tener unos horarios para que se levante, coma, meriende y cene… y ahora me han trastocado todo. Y lo peor es que yo lo sabía pero no me di cuenta. Me explico:

Anoche cambié los relojes de hora mucho antes de tiempo y me fui a acostarme a una hora relativamente pronto pensando que iba a dormir una hora más, que qué bendición el retrasar los relojes para descansar un poco más el mejor día de la semana, el domingo. Con ese pensamiento me fui a la cama, me tapé con las sábanas hasta la barbilla, abrí mis piernas para que la gata durmiera entre ellas como todas las noches y me quedé sobado al instante. El problema ha venido esta mañana, que no recordaba que tenía un hijo con un cerebro un tanto Dory y claro, el tío a las 9 de la mañana ya estaba pidiendo su desayuno.

Mira que nos ha escuchado comentarlo, que hoy se retrasaban los relojes, que dormiríamos una hora más, la típica charla de que deberíamos de tener el huso horario de Canarias etc… Pero parece ser que Lázaro estaba por otras labores cuando hablábamos de todo ello, porque el colega a las 8:45 estaba trepando por encima de mi espalda hasta que ha logrado despertarme. Serían las 9:30/10:00 pensé, pero no, eran las puñeteras 8:45 de la mañana. Me cago en el que decide cambiar las horas al tuntún.

Cuando no teníamos un hijo no había problema, hacíamos lo que queríamos con el cambio de hora (al menos yo, que nunca me ha afectado), pero ahora la cosa cambia. Si le dábamos el desayuno a una hora, ahora cambia. Si le dábamos la comida a otra hora, ahora cambia. Ahora me tengo que amoldar al nuevo horario y hacérselo meter en la mollera a Lázaro, cambiando su rutina diaria por completo y rezándole a las famosas estampitas todo lo que se para que el niño se coma lo que hay en el plato. Lo peor es que yo soy más de letras que de números, así que me veo todo el día perdido contando las horas a las que debo de endiñarle sus nutrientes. Soy así de calamidad…

Aunque de estas cosas se aprende. Ahora ya se qué es lo que voy a hacer cuando Lázaro sea algo más mayor, me callaré como un cabrón, me haré el longui, no le diré nada a mi hijo sobre el cambio de hora… y cuando esté durmiendo cambio todos los relojes de la casa. Así cuando se despierte y vea la hora, no sabrá que ha pasado… ¡MUAHAHAHAHAHA!

No, ahora en serio. El suele desayunar sobre las 10 o 10:30. Se despierta más o menos sobre las 9, con su madre, pero yo suelo darle el desayuno algo más tarde porque si le doy el bibe nada más levantarse dice que para tu tía y no bebe casi nada. Ahora son las 10:30 de la mañana y lleva ya 40 minutos durmiendo (siempre lo acuesto después de desayunar para que repose) rodeado de nuestros gatos. Veremos a ver qué nos depara el día pero lo que ya no se puede cambiar, es que Lázaro tiene los ritmos circadianos ahora mismo en rompan filas.

Y a mi también me ha afectado el cambio de hora, porque no se qué más contaros por hoy (aunque mi hijo ha hecho bastantes progresos gateando, ahora parece Rambo desplazándose por el fango). Voy a ver si me animo y me pongo a limpi…zzZz…Zz….ZZzzzZzzZz…

 

¡Maldito cambio de hora!

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