¡Hola a tod@s!

¿Largo tiempo sin leerme, eh? Me vais a perdonar que desde octubre no haya dicho ni pío por estas lindes pero he tenido mucho trabajo con Lázaro y en mi vida en general. Ha sido toda una aventura el criarlo a partir del séptimo mes en adelante y ahora que tengo un poco de tiempo libre mientras él juega (en realidad está con un plumero en la mano que me ha chorizado y limpiando el mueble), me he decidido a contaros un poco nuestra situación.

Todavía me acuerdo cuando podía escribir tranquilamente por aquí, irme al servicio sin llevar mi escolta privada, fregar, barrer, limpiar, poner lavadoras….¡Casi se diría que añoro esos tiempos! Pero es que a partir del séptimo mes aproximadamente mi hijo comenzó a gatear, con lo que la calma en Villa Fernández-Aguilar se fue al garete. Pero es que además, el jodío no gateaba lentamente ni nada parecido, aprendió como Fernando Alonso, directamente en los karts. Fue a partir de aquí cuando mi vida dio un drástico giro y donde mi tiempo libre se fue a hacer puñetas.

En esa etapa existen aventuras ocultas que nadie cuenta como; ¿qué alfombra cogemos para que no esté por el suelo?, ¿le ponemos guantes o calcetines para las manos?, ¿cuantas veces fregamos el suelo? o (la más divertida y por desgracia, habitual) ¡Oye!, ¿qué lleva en la boca? Porque sí, nadie te cuenta que tu hijo es una aspiradora en potencia que deja en ridículo a esa que venden redondita y que a poco más te hace croquetas y todo. Lo peor es que algunas son cíclicas como la de la alfombra, que en poco menos de unas semanas ya tienes que pensar en si comprar de distintos tamaños o forrar toda la casa con ellas. ¿Y si le ponemos mopas en las rodillas y manos? También te lo preguntarás…

Más tarde llegaron sus primeros pasos, allá por su cumpleaños, marzo. Estaba yo haciendo un vídeo chorra para su madre con la cámara delantera del móvil y el pequeño diablillo dio sus primeros pasos. Quedó inmortalizado con cinco gloriosos megapixels de indudable calidad china (nótese la ironía) y su padre, una vez más, implacable y sin derramar una lagrimita.  Si anteriormente cuando gateaba ya era casi imposible hacer nada, imagináos cuando aprendió a andar. Ya os digo, escolta personal.

Ya no quiere ir casi en el carrito, quiere subir las escaleras él solo (y lo hace), entra en bucle entrando y saliendo de la terraza porque tiene un pequeño escalón en la entrada, desaparece como un ninja por la casa para traerte algo que llevaba siglos perdido y que sabe dios de donde lo ha cogido, aparece con las bragas de mi mujer en la cabeza… En fin, todo un espectáculo digno de ver. Y ahora que es todavía más listo, ¡mucho más! El tío sabe ya qué cosas le damos de comer como aperitivo (rosquilletas, palitos de albahaca y garbanzo asados al horno, tortitas de maiz etc..) y como la cocina esté abierta, aparece delante tuya con todos los paquetes que le quepan entre los brazos y te los da para que se los abra. Porque esa es otra, el tío es una lima. Si le dejaras en un restaurante chinorris de estos de buffet libre, fijo que nos tiraban por exceso de consumición. ¡Criaturita del señor, cómo traga! Claro está, los truños del amigo son ahora dignos de exponer en el Louvre. Se ha convertido en una auténtica patata caliente. Ahora cualquier actividad que hagamos en casa convalida para no tener que cambiarlo, incluso hacer Sudokus en casa. ¡Te toca a ti! ¡Yo he hecho el baño, fregar y tres sudokus! ¿Y beber agua? Estamos pensando en comprarle una mochila con pajita… ¡no os digo nada y os lo digo todo, maris! Nos roba nuestras botellas de agua y nos las da para que se la abramos, coge su vaso para pedir agua, está aprendiendo a decir agua, se despierta a medianoche a por su botella…

Lo que está claro es que nuestro hijo se está haciendo mayor. Ya abre los cajones para coger sus juguetes, nos pide cosas cuando las necesita (básicamente comida y agua, aunque a la tele tampoco le hace ascos…), se esconde detrás de las cortinas y puertas para que le encontremos o se sube a los sofás a sentarse. Todo eso mientras nos espía cuando vemos el móvil o nos pide que le pongamos un vídeo suyo. De momento aún no está programado para que recoja sus juguetes, pero estamos en ello. Todas las noches me paso bastante tiempo en recoger la jungla en la que convierte nuestro salón y que se extiende al pasillo, estudio, cocina, baño, vestidor y dormitorio. Su cuarto se lo estoy arreglando ahora (manitas que es uno)  y está siempre cerrado, pero poco queda para que tengamos que recoger allí también. Reparte amor por toda la casa.

Creo que por hoy ya está bien de escribir. Uno estaba algo oxidado y quería contaros un poco qué es de nuestra vida con Lázaro. Nos veremos, probablemente, pronto. Seguramente en uno de esos habituales tiempos libres donde el colega está tragando como si no hubiera un mañana. ¡Y el jodío está flaco como una raspa!

 

¡Hola hola caracola!
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