A los días de nacer mi hijo decidimos hacer el primer viaje, ¿se puede viajar con un bebé o eso se desmonta?. Pues haciendo paradas de vez en cuando y llevando las medidas de seguridad adecuadas no hay problema. El niño durmió como si no hubiese mañana, parece que al estar calentito y el sonidito del coche lo dejaban ko. Pero eso no duró mucho, pasaron los meses y aquella sillita del coche tan placentera pareció convertirse en una silla de tortura, ¡que estrés!, ¡desde entonces no conduzco! Era meterlo en el coche y retorcerse como una cobra, berrear, llorar… en fin un infierno. Probamos mil cosas, canciones, muñequitos, toda clase de juguetes, teta fuera con el coche en marcha, dibujitos, muy a mi pesar… poco a poco la cosa mejoró, menos mal porque el destino nos preparaba uno y mil viajes más.

Como mi pareja trabajaba mucho fuera y con la finalidad de estar el máximo tiempo posible juntos, con cada propuesta laboral nueva hacíamos las maletas los tres. El niño y yo nos íbamos a casa de mis padres y mi pareja se iba a un piso en una ciudad cercana, con lo cual los fines de semana los pasábamos juntos.

Fue duro separarnos los domingos, fue duro estar sola todo el día con un niño, pero creo que ha hecho más fuerte a la pareja, hemos pasado muchos momentos duros y muchos buenos, ha sido todo una aprendizaje. Ahora desde la distancia, puedo ver lo positivo y negativo de este viaje, antes solo veía el presente y solo quería que mi hijo durmiese toda la noche y ¡¡poder dormir yo!! o que volviese su padre el fin de semana y literalmente poder endosárselo porque yo estaba agotada.

Evidentemente en toda esta historia hay una persona que se queda en casa con el niño y otra que trabaja fuera de casa, los dos son trabajos, solo que uno es remunerado y cotizas y el otro ni es remunerado ni reconocido por la sociedad en la que vivimos. Si existiese conciliación familiar/ laboral esta historia sería diferente, pero así es y no me arrepiento de nada de lo que hicimos, hacemos o haremos.

En todos estos años nos hemos acostumbrado a tener varias residencias durante el año, a hacer y deshacer maletas constantemente, a redescubrir el pueblo que dejé con 20 años y mil cosas más que os iré contando mes a mes.

 

El primer viaje de D.
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