Hola a todos:

Siendo sinceros, hoy no tenía ni puñetera idea de qué hablaros en la entrada de hoy. Bueno, sí y no. Hace tiempo que quiero hablaros de los progresos que está dando mi hijo, pero no sabía si le podía interesar a alguien o si perderíais el tiempo leyendo estas tontunás. Supongo que parte de la culpa de pensar así es porque soy padre primerizo y claro, todo lo que yo os vaya a contar ya lo tendréis más que visto u os hará la misma ilusión que visionar una carrera de caracoles, pero lo cierto es que a mí se me cae la baba día a día con Lázaro.

Mi hijo va a cumplir la semana que viene siete meses ya, ¡ahí es nada! Por supuesto, ya come sus cereales por la mañana, su papilla llena de verduras raras a la hora de comer (no soy miembro VIP precisamente del club de los vegetarianos…) y sus dos frutitas por la tarde. El tío tiene una tabla de comidas de lo más pintona y lo cierto es que me paso el día cuchara en mano, pero da una felicidad verlo comer tan bien…

Pensé que darle de comer con cuchara iba a ser más difícil, pero Lázaro nos asombró abriendo la boca para dejar que le entrara la comida y cerrarla nada más sacar la cuchara para, previa cara de asco al notar esos alimentos nuevos, seguir queriendo más y más. Nada ha cambiado a día de hoy. Sigue poniendo la misma cara de asco en la primera cucharada y sigue pidiendo más comida al mismo tiempo que compramos acciones en Bosque Verde (espacio publicitario no remunerado) de los cleenex que usamos para limpiarle la cara. Al principio le costaba algo más comerse las papillas pero ahora incluso tengo que prepararle una nueva al poco tiempo porque ya se ha terminado su plato y sigue queriendo más.

Lo que sí es cierto es que en esta fase de crecimiento, las dudas surgen por minutos. Está claro que lo mejor es seguir los consejos del pediatra pero la publicidad basada en la alimentación de los niños es bastante agresiva y a uno le crean dudas. Por ejemplo, los bebés no pueden comer melocotón a estas alturas, pero luego vas al supermercado y ves potitos con esta fruta. O que no pueden tomar leche pero existen yogures especiales que, previa investigación clínica, se ha demostrado que llevan leche “normal”, demasiada azúcar para los infantes y un sin fin de ejemplos más. Cometí el pecado de comprarle unas galletitas especiales (que no lo he mirado pero deben de llevar azúcar por un tubo), pero las cogí para añadirle una sola a la merienda, ya que la naranja a veces deja demasiado ácida la papilla y eso la endulza algo más. Digamos que vamos un poco perdidos a lo que sí o no debemos de darle a nuestro hijo y en eso, internet, no ayuda para nada.

Potitos
Nuestra nevera está invadida por tarros como estos…

Siguiendo con los progresos de Lázaro y dejando la alimentación aparte (que podría extenderse la entrada hasta lo indecible), es una gozada ver cómo reconoce ya claramente a las personas más allegadas. Por ejemplo cada vez que ve a mi padre, se le pone una cara de felicidad que no se puede explicar. Empiezan las risas, quiere que le coja, lo abraza y juegan juntos hasta que quedan exhaustos (casi siempre el abuelo primero). Con mi cuñada pasa tres cuartos de lo mismo pero con mis tíos, por ejemplo, ocurre todo lo contrario. Supongo que ya sabréis a quien suele ver más a menudo mi hijo con los datos que os he proporcionado. Por supuesto, con sus padres pasa lo mismo. Es despertarnos o ver a su mami/papi llegar del curro, y su cara es un poema.

Luego ha dejado atrás la fase de estar siempre boca arriba y ahora, lo que más le gusta, es hacer la croqueta y estar mayormente boca abajo con la cabeza bien erguida. Hay veces que si no nos damos cuenta, ha cruzado medio comedor rodando y ha llegado a sitios inacesibles en donde creías que nunca podía llegar. Me enciende las consolas con las manos (puta tecnología táctil), nos tira el mantel de la mesita pequeña, muerde las patas de las sillas o mesa, se arrastra a por sus muñecos que previamente ha lanzado por los aires o hace el cangrejo hacia atrás. Seguramente le quede poco ya para que aprenda a gatear, porque el instinto lo tiene ya y la teoría creo que la tiene bien aprendida, quizás le falte ponerla en práctica un poco más. Es decir, cuando está boca abajo ya se le ve que empieza a mover las patitas como si quisiera gatear. El ejemplo más fácil para entender qué hace ahora Lázaro sería como el de ver a un neoyorkino haciendo una paella valenciana, es decir, la teoría de ponerle arroz y cosas las tiene, falta saber qué le tiene que poner a la paella.

No sabemos muy bien si su vocabulario es el que debería de tener un nene de este tiempo, pero sí lo hemos escuchado alguna vez decir “mamá”. Pero claro, con lo que balbucea, chilla e intenta hablar, no sabemos si ese “ma” solitario que repite, es algo normal en los bebés o es que ya va aprendiendo a decir su primera sílaba. Sea el caso que sea, a su madre le emociona escuchar eso pero estoy seguro de que cuando diga “papá”, a mi me tienen que llevar de urgencias debido a un ataque al corazón de felicidad. Cursi que es uno…

Por lo demás, el tío quiere coger todo lo que tenga a su alcance. La frase más repetida de su madre es: “está organizando la mesa”. Y es que cuando lo ponemos al lado de alguna mesa o tiene algo cerca, allá que se estira mi hijo para coger todo lo que tenga a su alcance, tirarlo, empujarlo o llevárselo a la boca. Por ejemplo el otro día nos fuimos al KFC él y yo solos (tampoco me pagan un duro por mentarlos, voy a tener que ponerme serio en esto de la publicidad…), nos sentamos en el banquito y el colega quería usurparme la hamburguesa. Mi primer instinto fue alejar más la bandeja para que él no la alcanzara… ¿sabéis qué hizo?, alargó su mano, arrastró la bandeja hacia él, metió mano en la hamburguesa, cogió un cacho y se lo llevó a la boca. Por supuesto, su padre que es muy fan de la serie Campeones, interceptó el pequeño bocadito de placer como si fuera Benji Price en una final a penaltis contra Oliver Atom. El tío se está volviendo muy listo, quizás demasiado. Sabía que la bandeja no podía comerse y que lo güeno de ella era la hamburguesa que su padre se iba a comer. Pero es que en la cadena de restaurantes de comida rápida de la gran M (¡se acabó el hacer publicidad!), sabe qué menú es el que le tocaría a los niños, el Happy (regalan figuritas de Pokémon y yo soy fan de ellos.. :$), y se lanza a por la cajita como si no hubiera un mañana.

En fin, que mi niño está creciendo muy rápido, se está haciendo muy listo, reconoce su nombre a la primera, sabe de donde vienen las voces que le llaman, se le está haciendo una cara de pillo y adulto al mismo tiempo que da miedo y que de aquí a nada tendremos que ponerle una correa para no tener que buscarlo por toda la casa. Por supuesto, sigue queriendo dormir al lado de sus papis y estar a todas horas con ellos, pero dentro de poco se nos hará un poco más mayor y tendrá el poder de la libertad… a costa de forrar todos los muebles de la casa, sellar los cajones, esconder los cables… y desconectar las consolas…. ¡puta tecnología táctil!

El arte de hacer la croqueta
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