Es éste un tema muy delicado y muy controvertido también, al que creo que no se le da la importancia suficiente. Si buscas encuentras artículos al respecto, pero desde mi punto de vista, no los suficientes. Y en ocasiones, cuando se habla del tema es para relativizarlo y quitarle importancia.

Hace poco leí en una revista del corazón el testimonio de una mujer que acababa de tener un bebé y decía que no se explicaba como había gente que tenía depresión posparto ya que ella estaba deseando cambiar de ropita a su bebé y darle el bibe, que era su muñequito. Me pareció una tomadura de pelo y una falta de respeto a muchas, muchísimas madres que no tenemos ni las posibilidades económicas de esta persona ni seguramente la ayuda que ella tendrá las 24 horas del día.

Reducir la llegada de un bebé y lo que eso supone en una mujer a cambiar de ropita y dar el bibe me parece de no pisar el suelo y desde luego testimonios como este hacen mucho, pero muchísimo daño sumando el sentimiento de culpa a lo mal que ya una se siente.

La depresión posparto no es un capricho. Después de dar a luz, los niveles hormonales bajan estrepitosamente y esto provoca cambios importantes en el estado anímico. A esto se le suma el agotamiento, la falta de sueño, la novedad de la situación que te supera porque no te encuentras bien, la inmensa responsabilidad de una vida a tu cargo… todo esto se junta en un cóctel molotov que, o bien se gestiona adecuadamente y con la ayuda necesaria y no explota, o bien no se puede gestionar de ninguna manera y explota.

Yo tuve depresión posparto, y de caballo además. Los primeros síntomas fueron el llanto y una continua sensación de soledad. Yo necesitaba no estar sola con el bebé pero por circunstancias personales lo estaba prácticamente todo el día, no tuve nada de ayuda. Después vinieron la inseguridad (sentir que no lo haces bien), el miedo (temor a equivocarte), el estrés y la ansiedad (tener que hacerlo todo y no dar a basto), la culpa (por no estar feliz, por no estar bien). Y sin darme cuenta cada nuevo día era una pesadilla, el tiempo no pasaba, nada cambiaba, no veía la luz por ninguna parte.

Se lo comenté a la matrona y no le dio importancia, me dijo que saliera a la calle, que paseara. Lo comenté con mi familia y me dijeron que si todas las mamás podían, yo también. Imagino que apelaban a mi instinto de superación, pero a mi ese argumento no me valió de nada. Y al final dejé de comentarlo porque me daba vergüenza sentir aquello, reconocer que me estaba pasando. ¿Como no estaba feliz como una perdiz? ¿Como no me sentía la mujer más afortunada del mundo?. Y me encerré en mi misma con todos aquellos sentimientos destructores y fui pasando los días como pude y dios me dio a entender. Pasaron casi dos años.

Gracias a dios la depresión posparto no interfirió en los sentimientos hacia mi bebé, que hay casos en los que sí que pasa y provoca un rechazo hacia el bebé por parte de la mamá. Yo he querido siempre a mi peque, pero no lo disfrutaba, no podía.

No sé que porcentaje de mujeres sufren depresión posparto, he buscado por internet y salen cifras tan escalofriantes como que 1 de cada diez madres la padece. Pero aún así me parece poco, hablando en confianza con las mamás de mi alrededor, es extraño el caso de la que no ha pasado algo parecido en mayor o menor medida.

¿Que hacer? Pues en primer lugar informar, me parece fundamental. En las clases de preparación al parto, contar que esto puede pasar, que es frecuente que pase. Hacer sentir a la madre que no va a estar sola y que puede pedir ayuda en cualquier momento.
En segundo lugar, reaccionar al mínimo síntoma, hablarlo sin sentir vergüenza a ser juzgada por tener depresión. Intentar no estar sola, apuntarse a grupos de lactancia, de yoga con bebés, de masaje de bebés, lo que sea que te haga salir de casa y estar en contacto con otras madres en tu misma situación. Pedir ayuda las veces que haga falta y a quien haga falta. No encerrarse, no aislarse.

Y sobre todo saber que pasa, que todo pasa y con el tiempo se vuelve a la normalidad. Vuelves a ser persona, a empoderarte, a quererte. Y lo mejor es que cuando por fin empiezas a disfrutar de tu hijo, lo haces como una enana, para recuperar el tiempo perdido. Al menos, a mi me pasó así.

¿Y a ti? ¿Te ha pasado algo parecido?

Photo by Ben White on Unsplash

Depresión posparto
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