¡Hola a tod@s!

Me parece increíble lo rápido que pasa el tiempo. Parece que fue ayer cuando publiqué mis últimas palabras pero repasando mis entradas, ¡la última fue en junio! Voy a intentar poner remedio y ser algo más constante ahora que tengo nuevas cosas que contaros porque… ¡Lázaro ya va al cole!

En realidad lleva desde principios de septiembre yendo a la escuela infantil pero pobrecito mío, yo creo que más que aprender en la escuela se entretiene cogiendo y catalogando los viruses que habitan en su clase. Es como los Pokémon, un entrenador que quiere hacerse con todos… ¡y lo consigue! Se ha tirado más tiempo enfermo y con fiebre que visitando su colegio y eso también nos afecta a nosotros. Ya no solo porque está en casa y requiere cuidados especiales, Apiretal en vena y ponerle el termómetro cada media hora, si no que su afición a catalogar viruses también la comparte con nosotros y claro, la mayor parte del tiempo que él está enfermo nos la pasamos nosotros abrazados al señor Roca o gastando cleenex™ como si no hubiera un mañana. Todavía resuena en mi cabeza los miles de comentarios de madres del mundo avisando que una vez entre el chiquillo en la guardería/escuela infantil, estaría más tiempo enfermo que en clase. Te puedes hacer una idea de lo que decían, puedes quizás tomar esas sabias palabras como exageraciones e incluso pensar que tu hijo es muy fuerte y se defenderá con uñas y dientes ante los diferentes tipos de rinovirus… La realidad es bastante diferente. Padres y madres que me leéis, apretaros el cinturón porque vienen curvas. La guardería es el Wok de los virus, entras sin mucha hambre y al final te tiran a patadas porque acabas con las existencias. Y no es broma, mi hijo ha aprendido EL SOLO a sacar el termómetro de su funda, ponerselo y cuando pita, coger el bote de Apiretal y dármelo.

Viruses aparte, la escuela le está sentando genial. Al principio cuando lo llevábamos se agarraba a nosotros como si la vida le fuese en ello y entraba llorando como cuando supimos que Chanquete había muerto. Al salir lo mismo, parecía que el patio lo habían regado con salsa de cebolla. Ahora es un poco diferente y ya entra con más ganas y sale bastante contento. No ha tardado mucho en aclimatarse porque parece ser que se lo pasa estupendamente. Todos los viernes trae a casa un trabajo hecho por él -los que ha podido ir, que tampoco son muchos- y a nosotros se nos cae el lagrimote cuando lo vemos, de hecho el recibidor ahora es suyo y colgamos allí sus trabajos como si fueran medallas de oro olímpicas. Su madre dice que en la escuela está aprendiendo mucho, algo que cuando lo veo subirse a las mesas y bailar, dudo bastante. Parece ser también que los cocineros de la escuela infantil tienen varias estrellas michelín porque allí se zampa los tres platos que le preparan y aquí apenas prueba lo que le hacemos, pasa directamente al yogur. Estamos pensando seriamente en ir nosotros a comer allí también…

Otra de las cosas que le gustan mucho es lo que el llama pintar. Me explico. Nosotros le tenemos preparado una caja con crayones y folios impresos con personajes de Nintendo y Pocoyó para que el coja todos esos avíos cuando él quiera. La cosa está en que pintar pinta, sí, un par de líneas. Al poco empieza a jugar con los crayones dejándolos caer por la mesa, chuparlos, lanzarlos contra los gatos y como no, su padre dejándose la espalda recogiéndolos una vez acaba. Juraría que en la caja de pinturas ponía que habían 12 colores pero misteriosamente yo solo encuentro más que cinco o seis colores distintos y tengo la certeza de que cada vez hay menos. Igual están en proceso migratorio pero desconozco si los crayones lo hacen con el frío.

Si es que no se le puede querer más.. #laboresdecasa

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La lavadora es otra cosa que le fascina. Es acercarse a ella y empezar a tocar botones como si fuera Han Solo encendiendo el Halcón Milenario.No solo eso, cuando hay que poner ropa a lavar él mismo lleva el cubo de la ropa sucia a la lavadora y la introduce en el bombo. Cuando termina, la saca y la pone en el cesto de tender. Pero claro, también se puede dar la situación de que el peque se acerque cuando la lavadora está currando y como a él le fascinan las lucecitas parpadeantes y los botones, empiece a tocarlos con tanta pasión que la ropa se quede hecha un higo al finalizar el lavado. Yo no entiendo mucho de lavadoras (aunque las ponga) pero por la cara de mi mujer al ver como termina la ropa al terminar el programa me puedo hacer una idea de cómo la ha liado parda.

Todavía no articula muchas palabras pero tenéis que verle manejando YouTube, yo creo que sabe usarlo mejor que mi madre. Él solo sabe cual es el icono de la app a tocar, buscar vídeos que le gustan, saltar el anuncio tras los cinco segundos de espera, seleccionar otro vídeo de la lista… ¡y a veces canta! No soy muy amante de que Lázaro esté todo el día viendo vídeos y de hecho, cuando su madre no está, le quito el iPad para que no esté todo el día con YouTube. Por cierto… ¡hola cariño! ¿qué tal el día?… Pero también tengo clara una cosa. Lázaro ha nacido en una época donde las nuevas tecnologías se encuentran hasta en su colegio y en unos tiempos en que la misma se hace imprescindible para prácticamente cualquier cosa. Negarle el uso de la tecnología es retrasar su crecimiento cultural. Cuando él sea mayor, internet será tan habitual que no me extrañaría que estuviera implementado en nuestros cerebros chip mediante o que cualquier trabajo se realice delante de un ordenador o con robots al más puro estilo Isaac Asimov. Es necesario que los niños aprendan rápido a dominar este nuevo mundo para que después les cueste menos pero siempre con conocimiento, no olvidemos que son infantes al fin y al cabo y que jugar debe ser primordial. Soy el primero que quiere que mi hijo disfrute de la vida tal y como lo hacía yo de pequeño (ya sabéis que tengo mogollón de series infantiles de la época esperando hasta que él pueda verlas) pero tampoco puedo negarle lo que en estos tiempos se impone. Y ahora porque no conoce el valor de la amistad pero cuando sepa lo que es, le insistiré a que juegue con sus amigos en lugar de con maquinitas o internet. Pero bueno, no quiero seguir con el tema porque daría para una entrada muy larga y todavía estoy me estoy aclimatando de nuevo a escribir en el blog.

Esta semana que viene viajaremos a Madrid, capital de la Navidad en España. A mi me encanta esta festividad y me gustaba la idea de que Lázaro disfrutara también de ella, aun con sus 20 meses de vida. Seguramente el siguiente post hable de cómo se lo ha pasado el crío en el viaje, dudo que no le guste con tantas luces encendidas y cachivaches de adorno…

PD: Siento si el post es un poco caos en general. Entre que hoy no he dormido mucho, me he levantado pronto, que hacía tiempo que no escribía aquí y que tengo al canijo sentado encima mía viendo en el otro monitor un capítulo de Sherlock Hound… pues eso.

Foto de portada: Guardería Telerín (León)

 

Buscando algo de tranquilidad: ¡Lázaro va al cole!
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